
Los
primeros habitantes de Hawaii viajaron desde otras islas de la Polinesia hace
aproximadamente mil años cargando consigo sus convicciones religiosas y
espirituales.
En la antigua cultura hawaiana, los Dioses (akua), la tierra
(aina) y los habitantes (kanaka) compartían una existencia simbiótica.
Si
las personas cuidaban de la tierra de manera correcta y obedecían a los
alii (jefes hawaianos), los Dioses estarían satisfechos y felices y les
bendecirían con salud y prosperidad dándoles mar y tierra fértil
que les ofrecería el alimento a los habitantes.
Así pues
nacieron los tikis, estatuas talladas que representaban la imagen de un Dios como
la encarnación del poder de ese Dios. Cada Dios tenía muchas kinolau
(formas). Con tikis bien tallados, tal vez las personas podrían obtener
protección contra los daños, doblar la fuerza en tiempos de guerra
y ser bendecidos con cosechas exitosas (se conoce que los primeros tikis fueron
tallados en piedra cerca del año 1.400 en las islas Marquesas)
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